Cuando apenas tenía siete añitos, mi padre me llevó a una manifestación en pro de la liberación de Mandela.
Una manifestación que se daba todos los días del año en Trafalgar Square, en la capital del imperio británico. Valga decirlo, un imperio que está por todo el mundo. Un imperio que había encarcelado al líder de un pueblo invadido, saqueado y apartado de la manera más racista que hoy día existe.
Nadie en aquel entonces creía que fuera posible que cuatro, diez, veinte personas dependiendo del día, conseguirían que los grandes estamentos de ese imperio fueran a mover la liberación de un preso que suponía un peligro para el propio sustento del reino. Por más que perduraran en su reivindicación.
Promovían acciones, recogían firmas, llevaban a cabo solicitudes a nivel parlamentario, en definitiva no cesaban en su movimiento, ni en la causa que ellos defendían.
Veinte años más tarde... La reina Elisabeth II, el más alto mandato del United Kingdom, recibía con sus más altos honores al carismático líder sudafricano, Nelson Mandela, el mismo día que Hyde Park le rendía un pleno homenaje con un macro-concierto benéfico en el que Londres entera se volcó. Tanto en los preparativos como en la resolución de ese concierto.
Es un evento que realmente me pone la piel de gallina, a la vez que me llena de entusiasmo por su sentido holístico de la lucha.
La lucha de las causas justas.
Hace bastante tiempo que sigo a Ada Colau en su acción puramente altruista y movida por la fe, por un sentimiento de rebelión contra la injusticia, en todas las acciones que están llevando a cabo desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.
Me recuerda mucho a toda la historia de Mandela.
Sobretodo en el sentido de que no importa cuando uno va a conseguir su propósito.
Lo único importante es no ceder en el sentimiento y sentido de la causa. Y no abandonar el camino... Nunca.
Ayer fui a ver la obra de teatro que un buen amigo lleva bastante tiempo preparando. La obra en sí, se titula Exit/Salida y habla muy mucho de todo lo que está sucediendo.
Edu Soto protagoniza este monólogo-rock fantástico en un personaje polifacético que muy pocos están a la altura de llevar a cabo hoy día y que expresa muy bien el sentir general que hoy habita en cada uno de nosotros.
Esa búsqueda constante de salidas que el ser humano debe llevar a cabo frente a situaciones personales que parecen no tener opción ninguna.
La creatividad, la unión, el esfuerzo y la constancia nos dan esas salidas. Así es.
Pero hay que llevarlo a cabo. Hay que abandonar el sofá y las lágrimas.
Ayer, cayó la noticia de un nuevo suicidio en el momento de desahuciar a una mujer de su piso en Barakaldo. Se tiró por el balcón justo en el momento en que entraba la ertzaintza con casco antidisturbios para echarla.
Se cuentan por 500 los desahucios diarios en este país. 500 familias se quedan sin hogar cada día y miles de pisos siguen vacíos y cerrados a cal y canto. Este, y no otro, es el gran fracaso de ESPAÑA.
Esa España maravillosa en la que se vive tan bien y que todo iba tan bien.
Aznar nos llevó de la manita embaucándonos a perseguir la zanahoria que Lehman & Brothers nos puso delante en forma de orgía inmobiliaria y ciencia estafadora, ocultando lo que realmente estaban llevando a cabo. (España va bien!)
Zapatero dejó que la espuma de esa orgía llegara a límites insospechados ocultando lo que realmente se avecinaba, pecando de gestor inútil y endeudando a toda una generación hasta sus propias Zejas. (Mucho consenso ZP)
Y ahora Marianito quiere ser el reparador mecánico de todo este despropósito nacional a cambio de que los chorizos y mangantes sigan donde siempre han estado. (Claro, 5 millones de parados y subiendo. España va bien!!)
Y el rey? No debería haber supervisado toda esa acción de ingeniería ocultista y mangante? A fin de cuentas él es el máximo responsable de este país.
Y aún tendremos que soportar a un principito, colocado y adiestrado, al cual nadie ha escogido y muy seguramente vamos a tener que sufrir hasta su eternidad.
Y todos pensamos en irnos de aquí porque esto parece no tener solución.
Bien, pues sí que hay solución: La marea debe llegar a la torre y hacerla TEMBLAR, punto número uno.
Punto número dos, debemos regenerar nuestra industria. Nosotros. No ellos. Las luces no están en este país, están fuera. Y tenemos herramientas, muy valiosas. Vayamos a ellas y generemos nuestro propio pan para dárselo a quien más necesita.
Punto número tres, como bien hace Ada Colau o hizo en su día la manifestación pro-Mandela, NADA NOS DEBE PARAR EN NINGÚN MOMENTO: Constancia.
En cada acción, por la mañana cuando uno se levanta, en el respirar, cuando uno está con los amigos, con los ex-jefes, con los compañeros de trabajo, en el banco, con el administrador de vuestras fincas, con el vecino, con el de la tienda de la esquina, con el pobre hombre que pide cada mañana con una sonrisa, con el profesor de la escuela, con el conductor del autobús, con la señora del súper, siempre, en todas partes y con todo el mundo. Que lo oigan.
De forma natural, tranquila y muy digna.
Porque tenemos una causa desde hace demasiado tiempo y todavía no nos escuchan. Porque sobran argumentos. Porque la realidad está en la calle.
Porque el clamor caminará solo para llegar a la torre y hacerla TEMBLAR.
Porque si un solo hombre consiguió doblegar la voluntad y el miedo de un imperio como el británico sin apenas decir nada...
Porqué no va a conseguir un pueblo entero su justa causa frente a esa banda de chorizos que pretende perpetuarse hasta la eternidad??
Deben ser juzgados por sus responsabilidades, des del primero hasta el último.
Y sólo hay una palabra: ACCIÓN.
El momento es ahora...
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